Las guerras del siglo XXI son, a la vez, los conflictos de la información y de la desinformación. Existen más medios para la información que nunca, éstos son más rápidos, llegan a más gente, impactan más, pero su poder como potenciales agentes manipuladores provoca que estén más controlados que nunca por los poderes fácticos con el fin de ofrecer sus "verdades oficiales". Un ejemplo lo encontramos en el documental realizado en Estados Unidos sobre los conflictos de Fallujah (Irak) durante la invasión norteamericana en este país entre 2003 y 2004. Bajo el título El informe final. La batalla de Fallujah, este trabajo muestra una visión claramente sesgada del conflicto, presentando a la población que resistió en esa ciudad como "terroristas", "insurgentes" o "radicales".
El uso del lenguaje en el documental para hablar sobre las acciones de autodefensa de los iraquíes es profundamente violento al presentar a la maltratada población de esta ciudad como bárbaros monstruos que suponen una amenaza para la libertad del país, libertad que, cómo no, iba a ser garantizada gracias a la providencial actuación del ejército estadounidense tras derrocar a Sadam Hussein. En el vídeo encontramos expresiones del tipo "islamistas radicales aterrorizaban a los estadounidenses con bombas en las carreteras" obviando los terribles métodos de asalto que los norteamericanos habían utilizado para tomar la ciudad. En un documental sobre el mismo conflicto armado emitido en 2005 por la cadena italiana RAI se demuestra la utilización de armas de destrucción masiva -químicas- por parte del ejército de Bush (fósforo blanco, Mk77 y uranio empobrecido). En el documental americano, emitido en el estadounidense Canal Historia, no podemos encontrar ni una sola referencia sobre ello, sino que se limita a hablar de "acciones más enérgicas" por parte del Pentágono en venganza de las muertes de varios estadounidenses en una emboscada, cuyos cuerpos calcinados fueron colgados del principal puente de la ciudad ante el regocijo de varios civiles iraquíes. "Acciones más enérgicas" es un claro eufemismo que se utiliza de manera intencionada en el documental americano con el fin de "suavizar" la descripción de la barbarie estadounidense en Fallujah.
El uso del lenguaje en el documental para hablar sobre las acciones de autodefensa de los iraquíes es profundamente violento al presentar a la maltratada población de esta ciudad como bárbaros monstruos que suponen una amenaza para la libertad del país, libertad que, cómo no, iba a ser garantizada gracias a la providencial actuación del ejército estadounidense tras derrocar a Sadam Hussein. En el vídeo encontramos expresiones del tipo "islamistas radicales aterrorizaban a los estadounidenses con bombas en las carreteras" obviando los terribles métodos de asalto que los norteamericanos habían utilizado para tomar la ciudad. En un documental sobre el mismo conflicto armado emitido en 2005 por la cadena italiana RAI se demuestra la utilización de armas de destrucción masiva -químicas- por parte del ejército de Bush (fósforo blanco, Mk77 y uranio empobrecido). En el documental americano, emitido en el estadounidense Canal Historia, no podemos encontrar ni una sola referencia sobre ello, sino que se limita a hablar de "acciones más enérgicas" por parte del Pentágono en venganza de las muertes de varios estadounidenses en una emboscada, cuyos cuerpos calcinados fueron colgados del principal puente de la ciudad ante el regocijo de varios civiles iraquíes. "Acciones más enérgicas" es un claro eufemismo que se utiliza de manera intencionada en el documental americano con el fin de "suavizar" la descripción de la barbarie estadounidense en Fallujah.
El colmo del cinismo aparece cuando en este audiovisual se desliza que la televisión catarí Al Jazzera manipuló la cifra de muertos iraquíes en Fallujah para mostrar al mundo una visión exagerada del conflicto.
Mención aparte merece la presentación de la historia, el burdo e intencionado uso de la música (intensa y dramática en el caso de las imágenes asociadas al bando iraquí y triste y emotiva cuando aparecen en escena estadounidenses) y el recurso de la emotividad al mostrar testimonios que hablan de los asesinatos de soldados americanos por parte de los iraquíes. Especialmente emotivo es el testimonio de la madre de uno de los estadounidenses asesinados en la emboscada. En el documental americano no hay lugar para voces que hablen desde la óptica iraquí, como si los muertos no occidentales en este conflicto no tuvieran familia, como si no hubiera políticos autóctonos que pudieran defender su postura, los motivos de la defensa de su tierra y explicar las atrocidades de los americanos. Solo tienen derecho a hablar en cámara los de un bando, los occidentales, los nuestros, los buenos.
Con el fin de poder comparar ambos relatos, aquí dejo los dos vídeos:
1. Documental bajo la visión estadounidense: http://www.documaniatv.com/politica/el-informe-final-la-batalla-de-faluya-video_fd7f52710.html
2. Documental del canal italiano RAI:
Las conclusiones que podemos extraer tras el ejercicio comparativo de ambos vídeos ponen de manifiesto una doble necesidad: por un lado, es imprescindible una mayor alfabetización audiovisual de modo que desde las más tempranas edades se enseñe la lectura de imágenes con el fin de despertar la actitud y aptitud crítica ante los intentos de manipulación de los dueños de los medios audiovisuales; por otro, se requiere de una acción de contrainformación por parte de ciudadanos y profesionales comprometidos con la verdad, independientes, que operen libres de la tiranía del poder al objeto de obtener un relato alternativo al margen de esas verdades oficiales que, muchas veces, dejan de lado la responsabilidad de información a los ciudadanos para convertirse en agentes de control social.
2. Documental del canal italiano RAI:
Las conclusiones que podemos extraer tras el ejercicio comparativo de ambos vídeos ponen de manifiesto una doble necesidad: por un lado, es imprescindible una mayor alfabetización audiovisual de modo que desde las más tempranas edades se enseñe la lectura de imágenes con el fin de despertar la actitud y aptitud crítica ante los intentos de manipulación de los dueños de los medios audiovisuales; por otro, se requiere de una acción de contrainformación por parte de ciudadanos y profesionales comprometidos con la verdad, independientes, que operen libres de la tiranía del poder al objeto de obtener un relato alternativo al margen de esas verdades oficiales que, muchas veces, dejan de lado la responsabilidad de información a los ciudadanos para convertirse en agentes de control social.
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